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Tres años de prisión para el piloto que embistió una patrullera de la Guardia Civil en las aguas de Níjar

 


En un lugar como la Cala del Bergantín, en Níjar –esa zona del Parque Natural de Cabo de Gata con playas vírgenes y un mar que parece de postal–, pasó algo serio el 16 de marzo de este año. La Guardia Civil detectó seis lanchas rápidas fondeadas, de esas potentes que todos sabemos para qué se usan en el Estrecho. Cuando los agentes del Servicio Marítimo se acercaron con la patrullera Río Guadiana para identificarlas, las embarcaciones salieron huyendo a toda máquina. Una de ellas, pilotada por un ciudadano marroquí, hizo maniobras tan arriesgadas que terminó chocando fuerte contra el costado de la patrullera oficial. El impacto dañó el casco y la sala de máquinas, un golpe que pudo haber sido peor para los seis agentes a bordo. El piloto cayó al agua, nadó hasta la costa y trató de esconderse en los matorrales de la montaña, pero lo pillaron poco después.

La lancha era un monstruo: 12 metros de eslora, cuatro motores de 300 caballos cada uno –más de 1.200 CV en total–, valorada en más de 200.000 euros. Por sus características, la ley la considera "género prohibido" en España, de ahí el delito principal. Al final, tras un acuerdo entre fiscalía y defensa, el Juzgado de lo Penal número 3 de Almería lo condenó a tres años de cárcel y a pagar un millón de euros en responsabilidad civil. Originalmente pedían 12 años por atentado, daños y contrabando, pero se quedó en contrabando. Además, confiscaron la lancha, GPS y teléfonos satelitales. La defensa ha pedido que, en vez de prisión, lo expulsen del país.

Duele pensar en el riesgo que corren los agentes día tras día en estas aguas, persiguiendo embarcaciones que van armadas con potencia brutal mientras ellos cumplen con su trabajo. En Almería, que forma parte del Plan Especial de Seguridad del Campo de Gibraltar desde hace años, estas intervenciones son constantes: hasta noviembre de 2025, en toda la zona ampliada se han detenido a más de 4.250 personas y se han incautado 268 toneladas de droga, con cientos de lanchas y vehículos intervenidos. El narcotráfico se ha desplazado un poco hacia el este, hacia nuestras costas, porque la presión en Cádiz y el Estrecho es mayor.

Pero aquí va lo esperanzador: estos planes funcionan, y hay datos que lo respaldan. Desde 2018, acumulan más de 30.000 detenidos y 2.200 toneladas de droga decomisadas en miles de operaciones. Cada sentencia como esta, cada lancha confiscada, debilita un poco más a las redes. Con más medios –como las nuevas patrulleras de alta velocidad que está incorporando la Guardia Civil– y coordinación internacional, se está ganando terreno. Al final, el mar de Cabo de Gata debería ser para disfrutar en paz, no para estas persecuciones. Pero paso a paso, con perseverancia, el cambio llega y se nota.

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