Plaga de 'trips' en los invernaderos de Almería: el PSOE acusa a la Junta de mirar para otro lado mientras los agricultores lo pasan mal
Plaga de 'trips' en los invernaderos de Almería: el PSOE acusa a la Junta de mirar para otro lado mientras los agricultores lo pasan mal
Mira, en plena temporada alta para el agro almeriense, que es el motor de la provincia –con esos invernaderos que alimentan media Europa de tomates, pepinos y pimientos frescos–, ha saltado la alarma por una plaga de trips, esos bichitos diminutos que se ceban con las plantas y pueden arruinar cosechas enteras. El PSOE local ha salido al ruedo denunciando que la Junta de Andalucía, gobernada por el PP, está abandonando a los agricultores a su suerte, sin un plan sólido ni recursos suficientes para combatir esta invasión. Y duele, porque hablamos de familias que viven de esto, que se levantan al amanecer para cuidar sus explotaciones y ahora ven cómo el esfuerzo se va al traste por algo que se podría haber prevenido o controlado mejor.
Almería produce más del 60% de las hortalizas de invernadero de España, y el sector genera unos 30.000 empleos directos, con exportaciones que superan los 3.000 millones de euros al año. Pero plagas como los trips –que transmiten virus y reducen la calidad de la fruta– han ido en aumento con el cambio climático, y en 2025 se ha notado un repunte preocupante. Los agricultores reportan daños que pueden llegar al 30-50% en algunas parcelas si no se actúa rápido, y eso se traduce en pérdidas económicas que golpean duro a presupuestos ya ajustados por los costes de energía y agua. El PSOE apunta directamente a la falta de inversión en vigilancia y apoyo técnico: menos extensionistas rurales, menos estaciones de alerta y recortes en programas de lucha integrada. Es frustrante ver cómo, mientras Silicon Valley invierte miles de millones en apps para pedir comida a domicilio, aquí las administraciones parecen lentas en usar tecnología básica como drones o sensores para detectar plagas a tiempo –un toque de ironía, porque al final, sin agricultores no hay tomates para esas ensaladas trendy.
Pero no todo es negro: hay esperanza real y documentada. En zonas como Valencia o Murcia, donde han apostado por programas intensivos de control biológico –soltando insectos buenos que comen a los malos–, han reducido las plagas un 70% en pocos años sin depender tanto de químicos. En Almería misma, cooperativas como Cajamar o proyectos europeos han demostrado que con monitoreo constante y ayudas coordinadas, se puede ganar la batalla. Lo que hace falta es presión para que la Junta escuche: más presupuesto para investigación agrícola (que en Andalucía ha bajado en términos reales en los últimos años) y un plan de emergencia ya. Los agricultores no piden limosna, piden herramientas para seguir alimentándonos a todos.
Al final del día, este sector es el orgullo de Almería, con su ingenio para cultivar en el desierto. Con un poco más de compromiso político, esta plaga pasará y volveremos a ver esos invernaderos brillando bajo el sol, produciendo lo mejor de la tierra.
