Más de media tonelada de basura retirada de las playas de Cabo de Gata por un puñado de voluntarios que no se rinden
Imagina llegar a una playa virgen, con ese azul intenso que solo tiene Cabo de Gata, y encontrarte plásticos, redes abandonadas y latas oxidándose entre la arena. Es lo que pasa demasiado a menudo. Pero también hay gente que dice basta y se arremanga.
Este fin de semana, una treintena de voluntarios –organizados por la Asociación de Amigos del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar– ha limpiado varias calas del espacio protegido y se ha llevado más de 550 kilos de residuos. Botellas, bolsas, restos de artes de pesca, colillas y hasta trozos de electrodomésticos: todo lo que el mar devuelve y que nosotros, los humanos, seguimos tirando sin pensar.
La jornada se centró en zonas de difícil acceso como Cala Rajá, Cala del Plomo o las inmediaciones de Las Negras, donde la acumulación es mayor porque llegan corrientes que concentran la basura. Los participantes, equipados con guantes y sacos, trabajaron durante horas bajo un sol de justicia invernal que, al menos, acompañó.
No es la primera vez, ni será la última. Estas limpiezas se repiten periódicamente y siempre sorprenden por la cantidad recolectada, aunque también por el tipo de objetos: desde microplásticos hasta ruedas de coche. Los organizadores recuerdan que el 80% de la basura marina proviene de tierra, arrastrada por ríos, vientos o directamente abandonada en la costa.
El Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, con sus 63 kilómetros de litoral protegido, es un tesoro que atrae a miles de visitantes al año. Pero esa presión turística, unida a la pesca y al tráfico marítimo, multiplica los residuos. Por eso iniciativas como esta no solo limpian: educan y movilizan.
Al final del día, los sacos llenos se entregaron para su reciclaje y gestión adecuada. Medio tonelada menos que no volverá al mar. Pequeño gesto, gran impacto. Porque mientras haya gente dispuesta a bajar a la playa con una bolsa en la mano, hay esperanza para que este rincón de Almería siga siendo uno de los más salvajes y bellos de Europa.
Si te animas la próxima vez, avisa: siempre hacen falta manos. El mar no se limpia solo.
