Dos legionarios heridos graves en accidentes con explosivos en la base de Viator: el alto precio de las maniobras
La base militar Álvarez de Sotomayor en Viator ha vuelto a ser escenario de tragedias en los últimos meses, con dos legionarios que han sufrido heridas de extrema gravedad en sendas explosiones durante ejercicios rutinarios. Estos incidentes, que han requerido intervenciones complejas y la fabricación de prótesis personalizadas, reabren el debate sobre la seguridad en el manejo de material explosivo y las condiciones de riesgo inherentes a la profesión militar.
El caso más reciente ocurrió el pasado 27 de noviembre, cuando un legionario de 20 años, perteneciente a la VII Bandera Valenzuela, manipulaba presuntamente una pértiga con cordón detonante en un ejercicio de fuego real. La deflagración le causó amputación de una mano y pérdida de varias falanges en la otra, lesiones que obligaron a su inmediato traslado al Hospital Universitario Torrecárdenas de Almería. Fuentes militares confirmaron que, aunque su vida no corrió peligro, las secuelas son permanentes y han requerido la adaptación de prótesis avanzadas para recuperar parte de la funcionalidad.
Apenas un mes antes, el 31 de octubre, otra explosión en la misma base costó la vida al soldado Daniel Ruiz Mateo y dejó gravemente herido a su compañero Alejandro Carvajal Povedano. Las heridas de Carvajal, concentradas en extremidades, también han derivado en procesos de rehabilitación prolongados con implantes protésicos, según informes cercanos al caso.
Estos sucesos no son aislados en Viator, sede principal de la Brigada Rey Alfonso XIII de La Legión. La base acumula un historial preocupante: en 2013, tres suboficiales fallecieron en una detonación durante tareas de desactivación de explosivos; en años posteriores se registraron atropellos y vuelcos de vehículos con víctimas mortales y heridos graves. Asociaciones como ATME (Asociación de Tropa y Marinería Española) han reiterado su demanda para que la profesión militar sea reconocida formalmente como de riesgo, con mejores protocolos de prevención y apoyo a los afectados.
El Ministerio de Defensa investiga ambos incidentes a través de la Policía Judicial de la Guardia Civil, mientras que la ministra Margarita Robles visitó la base horas antes del último accidente y posteriormente al hospital para interesarse por los heridos. Fuentes del Ejército insisten en que los ejercicios siguen estrictos protocolos, pero el goteo de siniestros pone el foco en la necesidad de reforzar medidas de seguridad en un entorno donde el manejo de explosivos es cotidiano.
Para los dos legionarios heridos, el camino hacia la recuperación es largo: prótesis de última generación, terapias físicas y apoyo psicológico forman parte de un proceso que, aunque avanza con tecnología médica puntera, no borra las secuelas irreversibles. Sus casos simbolizan el sacrificio silencioso de quienes sirven en las Fuerzas Armadas, en un año que deja a la comunidad militar almeriense con el recuerdo amargo de pérdidas y heridas que marcan para siempre.
