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Bajo el plástico almeriense ya hay sensores: un 30% de los invernaderos usa tecnología para ahorrar agua y abono

 

Invernaderos de Almería donde el 30% ya utiliza sensores para optimizar agua y fertilizantes

Bajo el plástico almeriense ya hay sensores: un 30% de los invernaderos usa tecnología para ahorrar agua y abono

El consejero de Agricultura de la Junta, Ramón Fernández-Pacheco, lo dijo esta semana en un almuerzo informativo y la cifra merece más de una lectura: el 30% de la agricultura almeriense ya tiene instalados sensores y sistemas de monitorización que optimizan el uso de agua y fertilizantes. No es ciencia ficción ni un piloto experimental en tres fincas modelo. Es una realidad que se extiende bajo las 32.000 hectáreas de plástico que cubren la provincia, ese "mar de invernaderos" que alimenta buena parte de Europa y que ahora empieza a pensar —y a actuar— en clave tecnológica.

Qué hacen estos sensores y por qué importan

Los dispositivos que se están instalando en los invernaderos almerienses no son complicados ni carísimos. Miden cosas básicas pero cruciales: humedad del suelo a diferentes profundidades, temperatura, conductividad eléctrica (que indica la concentración de sales), evapotranspiración, nivel de agua disponible para las plantas. Con esos datos, se ajusta el riego en tiempo real para que cada planta reciba exactamente lo que necesita, sin pasarse ni quedarse corto.

El resultado: menos agua desperdiciada, menos fertilizantes echados "por si acaso", menos costes de producción y, de paso, menos impacto ambiental. Estudios de empresas locales como Agrotropical SAT han documentado ahorros del 25% en agua en cultivos de pimiento tras instalar sensores. En una explotación concreta, eso supuso pasar de consumir 102 litros de agua por kilo de pimiento producido a solo 76 litros. Multiplicado por miles de hectáreas, los números empiezan a ser importantes.

En Almería se han ahorrado 850.000 metros cúbicos de agua desde 2017 gracias a estas tecnologías, según datos de empresas del sector. Es el equivalente a 340 piscinas olímpicas. Y eso solo contando a los usuarios de una empresa (Prismab), que tiene más de 700 pequeños agricultores en la provincia usando su sistema.

No es solo agua: también inteligencia en el empaquetado y el riego

El 30% con sensores de campo es solo una parte de la historia. Según el consejero, otro 30% de la agricultura almeriense ya usa herramientas digitales en la manipulación y empaquetado de productos. El 15% tiene riego automatizado e inteligente, que ajusta el agua sin intervención humana. Y un 10% cuenta con plataformas y software de gestión agrícola que centralizan datos de producción, trazabilidad, costes y planificación.

Lo más llamativo: el 80% de los agricultores almerienses ha recibido formación para usar mejor estas herramientas digitales. Es un dato que rompe con el tópico del campo atrasado y tecnófobo. Aquí, la agricultura intensiva ha entendido que o te digitalizas o te quedas atrás.

Startups locales liderando el cambio

Lo interesante del caso almeriense es que no son multinacionales extranjeras las que están vendiendo soluciones enlatadas. Empresas como Hiotera, Grofit, Ikostech o Invernadero Inteligente —todas ellas aceleradas en el programa Cajamar Innova— han desarrollado sistemas adaptados específicamente a las condiciones del invernadero mediterráneo. Conocen el cultivo, el clima, los problemas reales del agricultor de aquí.

Grofit, por ejemplo, una empresa israelí que se instaló en España, ha creado una "cápsula" de bajo coste que recopila datos del suelo y del clima y los procesa con inteligencia artificial para dar recomendaciones precisas de riego. Hiotera ha desarrollado una plataforma IoT que integra sensores de cualquier fabricante y ofrece un cuadro de mando centralizado para controlar riego y clima del invernadero desde el móvil.

No son juguetes tecnológicos: son herramientas que, según testimonios de agricultores, están mejorando rendimientos y reduciendo costes de forma tangible. Antonio Salvador, asesor agroambiental, lo resumió así: "Ha sido la democratización de la tecnología en el campo; con un equipo de bajo coste podemos tener rendimientos como en las grandes explotaciones".

Almería como referente europeo

Fernández-Pacheco no exageraba al decir que Almería va "un paso por delante" en digitalización agrícola. La provincia se ha convertido en laboratorio a cielo abierto (o a plástico abierto, más bien) de agricultura 4.0. Proyectos como el Smart Green Cube, un edificio que se abrirá en el Parque Científico-Tecnológico de Almería (PITA), consolidarán este liderazgo.

La Junta también participa en "Agricultura de Datos", un proyecto europeo que reúne a 56 organizaciones de 24 países con un presupuesto de más de 100 millones de euros. Su objetivo: impulsar el uso de datos para transformar el sistema agroalimentario mediante soluciones digitales avanzadas.

Además, Andalucía Agrotech, el programa público de apoyo a la digitalización agraria, ha asistido ya a 500 pymes andaluzas con 200 servicios diferentes, alcanzando 1.800 usuarios. Las cifras superan las expectativas iniciales.

El lado humano: formación y brecha digital

Pero no todo es instalar un sensor y esperar milagros. La tecnología sin formación es inútil, y ahí está uno de los mayores retos. Muchos agricultores, especialmente los de generaciones anteriores, necesitan acompañamiento para entender cómo interpretar los datos, cómo ajustar el riego en función de las lecturas, cómo mantener los dispositivos.

Por eso el dato del 80% con formación es tan relevante: significa que hay una apuesta real por cerrar la brecha digital en el campo. No se trata de vender cacharros, sino de capacitar a la gente para que los use bien.

Retos pendientes: coste inicial y complejidad

El principal obstáculo sigue siendo el coste inicial. Aunque los precios han bajado, instalar sensores, automatización y plataformas digitales en una explotación mediana puede suponer varios miles de euros. Para el pequeño agricultor, esa inversión no siempre es fácil de asumir, especialmente en un sector con márgenes ajustados.

La Junta ha lanzado una convocatoria de ayudas a los Grupos Operativos de Innovación por 18 millones de euros, con plazo hasta el 6 de febrero. En las dos últimas convocatorias se han ejecutado 16 proyectos almerienses. Son fondos que ayudan, pero que no llegan a todos.

También está el tema de la complejidad técnica. Aunque las interfaces han mejorado mucho, todavía hay sistemas que requieren conocimientos técnicos que no todo el mundo tiene. La curva de aprendizaje puede ser empinada, y eso frena la adopción.

El futuro: más datos, más precisión, más sostenibilidad

La inteligencia artificial ya empieza a asomarse en los invernaderos almerienses. No solo para medir, sino para predecir: cuándo va a aparecer una plaga, cuándo necesitará riego el cultivo la semana que viene, cuándo es el mejor momento para cosechar según la demanda del mercado.

Empresas locales están desarrollando "gemelos digitales" de invernaderos: simulaciones virtuales que replican el comportamiento del cultivo y permiten probar escenarios antes de aplicarlos en la realidad. Si funciona en el gemelo digital, funciona en el invernadero real.

Todo esto no es futurismo vacío. Es el presente de una parte significativa de la agricultura almeriense y, si las tendencias se mantienen, será el estándar en pocos años. El cambio ya está documentado, es medible y, sobre todo, es rentable. En un sector tan competitivo como el hortofrutícola, eso es lo que marca la diferencia entre sobrevivir o quedarse atrás.

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