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Dos tiroteos en Cuevas del Almanzora en menos de un mes: disparos en un bar y un coche acribillado sin que nadie denuncie

 


La comarca del Levante almeriense asiste perpleja a una escalada de violencia silenciosa. En menos de treinta días, se han registrado dos incidentes con armas de fuego en el término municipal de Cuevas del Almanzora sin que, hasta la fecha, exista una sola denuncia oficial que permita a las Fuerzas de Seguridad abrir una investigación. Una sucesión de hechos que las fuentes consultadas califican de, cuando menos, "extraño".

El último episodio tuvo lugar el sábado 28 de febrero, alrededor de las 20:30 horas, en un concurrido bar de la pedanía costera de Villaricos. Según ha podido reconstruir este periódico, una violenta pelea irrumpió en el establecimiento. En plena trifulca, uno de los implicados desenfundó una pistola y efectuó dos disparos al aire. Pese a la gravedad del suceso y la presencia de testigos, no se produjeron heridos. La principal anomalía, sin embargo, es que tampoco se ha presentado denuncia alguna, lo que ha impedido a la Benemérita activar ningún protocolo de investigación.

Apenas unas semanas antes, entre finales de enero y los primeros días de febrero, la tranquilidad del casco urbano de Cuevas también se vio alterada por las balas. Un Renault Clío de color gris que se encontraba estacionado en la confluencia de la calle Rulador con la calle Cirera amaneció con su carrocería literalmente acribillada. Los impactos eran visibles y numerosos: cinco en la puerta del conductor, uno más en la aleta trasera y un octavo en el paragolpes. Los vecinos que observaron el vehículo, fotografiado por este diario, dieron la voz de alarma, pero de nuevo el silencio administrativo se impuso. Tampoco en este caso existe una denuncia sobre el ataque.

El extraño silencio de las víctimas y el fantasma del narco

La ausencia de denunciantes no es una especulación. Fuentes solventes de la Guardia Civil consultadas por Actualidad Almanzora han confirmado que oficialmente no consta registro de ninguno de los dos incidentes. Esta falta de comunicación oficial impide, por el momento, la apertación diligencias.

Sin embargo, las mismas fuentes apuntan a un contexto que podría explicar el temor o la decisión de no acudir a las autoridades. Señalan que la franja litoral comprendida entre Los Lobos y Villaricos es considerada un "punto caliente" en el Levante almeriense. Se trata de una zona frecuentemente utilizada por petaqueros, individuos que se dedican a avituallar a las narcolanchas que operan en la zona, suministrando combustible, víveres e incluso ropa a las tripulaciones dedicadas al tráfico de drogas y al transporte irregular de inmigrantes.

La paradoja es absoluta. Mientras la Policía Local y la Guardia Civil padecen una "curiosa desinformación" institucional sobre lo ocurrido, los vecinos de ambas localidades, algunos de los cuales fueron testigos presenciales de los altercados, poseen un conocimiento pormenorizado de los hechos. Nadie les ha preguntado.

Por el momento, y ante la falta del preceptivo paso judicial que supone una denuncia, los dos episodios con armas de fuego quedarán en una preocupante estadística de sucesos sin resolver. Una inquietante muestra de violencia que se esconde bajo el manto del silencio.


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