Siete años después, un paso hacia la justicia: Embargan bienes de Ana Julia Quezada para indemnizar a los padres de Gabriel
Han pasado casi ocho años desde aquella pesadilla en Níjar que nos dejó a todos con el corazón roto. Gabriel Cruz, ese niño de ocho años lleno de vida, con su caña de pescar y su sonrisa eterna. Y hoy, por fin, llega una noticia que, aunque pequeña, sabe a esperanza: la Audiencia Provincial de Almería ha dicho "no" al recurso de Ana Julia Quezada y ha ordenado embargar su peculio en prisión –todo lo que exceda el Salario Mínimo Interprofesional– y cualquier pensión o ingreso extra, para que vaya directo a indemnizar a Ángel Cruz y Patricia Ramírez, los padres de Gabriel.
La sentencia de 2019 fue clara: prisión permanente revisable por el asesinato, y una responsabilidad civil de 500.000 euros –250.000 para cada padre por el daño moral que no se borra nunca–, más otros 200.203 euros al Estado por los gastos de aquella búsqueda masiva que movilizó a todo un país. Pero en estos siete años, ¿cuánto han recibido? Menos de 250 euros. Imagina el peso de eso encima del dolor que ya llevan.
Los jueces lo han dejado meridiano: en prisión, las necesidades básicas están cubiertas con el SMI, así que cualquier excedente "deberá destinarse a satisfacer el interés de las víctimas". Además, piden al centro penitenciario datos sobre trabajos que haga Quezada, el dinero que tenga ahorrado y otros ingresos. Y no se olvidan de investigar posibles bienes fuera de España –hay rumores de una casa que salió en diligencias y hasta en un documental–, aunque después de tanto tiempo aún no hay respuesta concreta.
Patricia Ramírez lo ha dicho con esa fuerza serena que siempre ha tenido: "Este avance me hace confiar en que se está empezando a trabajar en la protección de nuestros derechos y seguridad". Y añade que van a pedir todas las medidas posibles para que no se repita esta espera interminable.
No borra el dolor –nada lo hará–, pero sí reconoce que las víctimas merecen algo más que palabras. Que la justicia, aunque lenta, a veces avanza. Y en un día como hoy, con la Navidad a la vuelta, esto suena a un pequeño respiro para una familia que ha convertido su sufrimiento en ejemplo de dignidad para todos.
Ángel y Patricia, desde aquí, un abrazo fuerte. Gabriel sigue siendo ese pescador eterno que nos enseñó a todo un país lo que es la esperanza colectiva. Y hoy, un poquito más de justicia para él.
